Reseña “Agencia Europea de Estudios Paranormales: Conspiración”

  

Despertares
Amanece en la oscura pensión
de la señora Kowalski donde se aloja el sacerdote irlandés Thomas Woodword. Ha
aprovechado la oportunidad de venir a Londres para recibir algo de formación
(bien pagada) en la Agencia Europea de Estudios Paranormales para intentar
contactar con miembros de la mafia irlandesa en la capital británica y acceder
a células del IRA auténtico, a los que quiere ayudar financieramente para que
expulsen a los protestantes de Irlanda. 
Sabe que está cerca de conseguir sus
objetivos, pero también que tratar con mafiosos siempre es peligroso y de ahí
que no

olvide su
pistola cargada en ningún momento. Tras desayunar mientras imparte su doctrina
anti-protestante entre los aburridos inquilinos de la pensión, recibe por error
la correspondencia de uno de ellos, un tal Steve Rogers, estadounidense.
Woodword la abre sin reparos y se da cuenta de que se trata de un periodista.
El sobre contiene un billete de avión (que rompe) para Hamburgo, con la idea de
que cubra el encuentro del G20 que tiene lugar esos días en la ciudad germana.
Al ver que no se trata de nada de interés, confiesa su “error” y pide a la
señora Kowalski que le de su correo. Mirándolo por encima, no ve más que
propaganda del Círculo de Lectores, facturas y poco más. Lo tira todo a la
basura y sale a la calle, cuando de pronto cruzando la calle sin mirar, un
coche se avalanza sobre él.

Por su parte, el paciente
1378, sale de su celda en el sanatorio Arkham en Londres para tomar su bandeja
y sus pastillas. Hoy cree haber recordado su verdadero nombre. Se sienta a
comer junto a su doctor y le cuenta que ya está mucho mejor de su enfermedad,
que asume que no tiene poderes ni que viene de un futuro distante a advertir a
la humanidad de un incierto peligro. El doctor asiente con satisfacción
mientras le indica que debe tomarse su ración de pastillas y que puede tomarse
el día libre en la Agencia Europea de Estudios Paranormales. 1378 sonríe
complacido y sostiene el documento firmado por el doctor con el permiso de 24
horas. Y de pronto, sin saber cómo, aparece en el vestíbulo del edificio
Whitehouse, sede de la Agencia. Un taxi se aleja lentamente de la puerta.
Todavía sostiene el certificado en sus manos, que parece estar teñido de
manchas de sangre…

Muerto antes de tiempo

Cuando 1378
entra en la planta 13, sede de la Agencia, le dan la bienvenida a una especie
de fiesta con canapés. Se trata de un pequeño descanso para celebrar la llegada
del verano. Incluso se está organizando una cena de empresa entre el numeroso
personal técnico y de administración para el viernes, a la cual invitan sin
mucho entusiasmo al recién llegado experto de lo oculto. Allí la directora de
la Agencia, Margaret Underbridge, da un breve discurso plagado de errores
resumiendo los aciertos del año. Se congratula de la presencia de un
investigador, 1378, el único que se encuentra en la sala. Entonces Sara, la
secretaria, le anuncia al oído una triste noticia: Thomas Woodword,uno de los
investigadores de la Agencia, ha muerto en un desgraciado accidente de tráfico. 

Margaret le dedica unas palabras antes de despedirse para partir hacia la
cumbre del G20 en Hamburgo. Es entonces cuando un airado Thomas hace su
aparición en la planta 13. Ha tenido problemas para acceder al edificio porque
su tarjeta personal de identificación estaba revocada. Sara se disculpa por
haber revocado sus privilegios de acceso, pero argumenta que desde la morgue de
Kings Cross le han notificado su fallecimiento. Con una mueca de sorpresa, el
sacerdote decide investigar el extraño suceso llevándose consigo a un
confundido 1378.
En la morgue el sacerdote
irlandés muestra rápidamente su tarjeta de la Agencia y lo toman por policía.
En el sótano preguntan por el cadáver que han confundido con él mismo. Despiden
con unas palabras y unas libras al forense encargado y abren la caja donde se
encuentra el cadáver. Efectivamente es una copia exacta de Thomas Woodword, que
se debe retirar un tanto alterado. Para 1378 es algo normal, ya que según dice
los robots y clones son normales en el futuro del que viene. El interno del
sanatorio, alentado por Woodword, está cada vez más convencido de que
efectivamente viene de un lejano futuro y que la terapia del hospital es
contraproducente. De hecho, tras la morgue, los dos compañeros comen en un pub
y el irlandés le convence para tirar su medicación. Así, cree él, sus poderes
psíquicos se potenciarán. Tiene razón, pero ignora que además se saldrán de
control. Será testigo de todo ello en las siguientes horas.
La billetera del hombre muerto
Al salir de la morgue los dos
investigadores acuden a un pub para comer y discutir sus descubrimientos. Han
recogido una muestra de ADN del muerto que han enviado a analizar. En las ropas
del cadáver, que han robado en un descuido de los guardas, han encontrado una
pistola (que 1378 rechaza y recoge Woodword), una servilleta con una matrícula
de coche incompleta y una marca de coche, Peageut, servilleta que pertenece a
un pub irlandés llamado Cork Valley, y una tarjeta de hostal. También se han
llevado el informe de la autopsia, que decreta muerte por accidente de coche y
señala quién

prestó
declaración como testigo, un ciudadano de origen chino apellidado Chow, y la
localización el trágico suceso. 

Con los datos de los que disponen, Woodword
llama por teléfono al asistente informático de la Agencia por teléfono y le
pide que localice un coche con esas características. Al tiempo Nitro, que es
como se hace llamar (diminutivo de Ácido Nítrico, nickname que ha convertido
oficialmente en su nombre) le llama diciéndole que es un coche robado hace poco
menos de una semana y que ha sido encontrado quemado en un descampado.
Los dos investigadores
acuerdan acercarse al Cork Valley y preguntar por el difunto. Nada más llegar,
el barman reconoce a Thomas Woodword, confundiéndole con el fallecido clon. El
irlandés pide dos pintas de cerveza negra, una para él y otra para su amigo,
que además pide un botellín de agua y se maravilla de su calidad además de
asombrarse porque el camarero la malgasta lavando vasos con ella. El sacerdote
explica al camarero que 1378 es extranjero y entonces el barman asume las
extravagancias de 1378. Thomas con la ayuda de su compañero van interrogando al
barman sin levantar sospechas para averiguar todo lo que sabe de su alter ego
atropellado. Al parecer solo había venido una vez, hace unos pocos días. Estaba
bastante nervioso y quiso enviar un dossier a una dirección de Londres y le
pidió al barman que se lo enviara por él, que pagaría los sellos apropiados. El
barman así lo hizo, pero como no tenía ningún sobre adecuado, reutilizó uno del
Círculo de Lectores. El exorcista traga saliva y palidece al recordar el sobre
que recibió esta mañana de manos de la señora Kowalski del Círculo de Lectores
y que él mismo arrojó a la basura.
Viaje en el tiempo
Sin embargo, 1378 tiene la
solución: viajar en el tiempo. Utilizará sus poderes psíquicos de teleportación
para transportarlos en el tiempo, como sospecha que hizo desde su distante
futuro. El exorcista, poco escéptico, lo anima a que lo intente. Y efectivamente,
surte efecto. Como por arte de magia aparecen en su habitación de la pensión al
poco de que se levantar para desayunar. De hecho, pueden escuchar a su otra
versión de sí

mismo hablar
con los otros inquilinos sobre la inferioridad de la religión protestante.

El
esfuerzo ha sido mayúsculo para el joven interno del sanatorio mental, que cae
en la cama con fuertes dolores abdominales y sangrado por la nariz. Los
investigadores de lo oculto esperan lo suficiente para que los inquilinos y el
mismo Thomas Woodword abandonen la pensión, momento que el exorcista aprovecha
para bajar las escaleras y volver a retomar la conversación con la señora
Kowalski y recoger el sobre de la basura. Al subir de nuevo a la habitación e
interesarse por el estado de salud de su compañero, unos extraños sonidos en la
planta baja ponen en alerta a los dos investigadores de lo oculto, convencidos
de que alguien ha entrado en la pensión con la peor de las intenciones.
Mientras escuchan pasos que suben por la escalera enmoquetada, humo se va
filtrando por la puertecilla, como si abajo hubiera estallado un pequeño
incendio de pronto.
Son suficientes señales para
el sacerdote irlandés, que se aposta tras la puerta y desenfunda su pistola con
idea de descerrajarle un disparo en la cabeza a la primera persona que suba las
escaleras. Sin embargo, 1378, todavía muy afectado por la experiencia del viaje
temporal, intenta teleportarse para ayudarlo pero acaba bloqueándole la visión
de tiro. Aún y todo puede ver cómo dos individuos de aspecto militar avanzan
por la salita buscando algo. Debe ser el sobre. Uno de ellos porta una pistola,
y el otro, al escuchar a los investigadores a su espalda, desenvaina una
especie de katana plegable. Los dos agentes de lo oculto luchan contra los
recién llegados, pero parecen casi invulnerables a las balas. Finalmente
Woodword entiende que deben llevar alguna clase de chaleco antibalas, aunque a
simple vista no lo parezca en absoluto, y apunta a la cabeza. Cuando acaban con
ellos la casa es ya presa del fuego, pero tienen tiempo de escapar a tiempo.
Eso sí, antes de hacerlo logran cogerles los chalecos antibala, extremadamente
finos.
El complot
Ya repuestos, los dos
investigadores abren el famoso sobre. La letra de la dirección del sobre no
está escrita por Thomas, no se parece de hecho nada a la suya. En el sobre no
hay ningún mensaje, tan solo fotos, extrañas fotografías de los veinte
mandatarios de los países más poderosos desempeñando las profesiones más
sorprendentes: Angela Merkel como enfermera jefe, Donald Trump como cantante
callejero… todas son fotos posadas

y con un sello
todavía más extraño. 

En el sello oficial se habla de un tal Ministerio de Guerra de la República
Luterana de Inglaterra
dentro de la Confederación Europea de Naciones
Luteranas. Pronto los investigadores de lo oculto llegan a una imposible
conclusión. Los agentes que acaban de eliminar proceden de una dimensión
paralela donde Cromwell se afianzó en el poder en Inglaterra y alteró el curso
de la historia europea. De alguna forma desde esa extraña dimensión han llegado
a tener noticia de la nuestra y se han propuesto dominarla secuestrando a los
mandatarios mundiales y sustituyéndolos por los dobles de su dimensión. Al ser
veinte las fotografías, Woodword y 1378 no tienen ya dudas de dónde piensan dar
el golpe: en la reunión del G20 que tendrá lugar mañana en Hannover.
Pero los
agentes de la Agencia Europea de Estudios Paranormales todavía tienen flecos
que investigar antes de salvar al planeta. Siguiendo el hilo de sus pesquisas,
deciden visitar el lugar del supuesto accidente del doble de Thomas. Allí, en
la carretera, observan que no hay huellas de frenazo de ningún coche. De pronto
parece que el accidente haya sido intencionado. 
Aprovechan para interrogar
entonces a Chow, el testigo que presenció el accidente y que tiene su domicilio
(y su tienda, que es el mismo lugar) en la esquina de la calle. El inmigrante
colabora de forma más vehemente cuando Woodword ignora la caridad cristiana y
lo amenaza con reportarlo a inmigración tras identificarse como agente de la
ley enseñando su placa de la Agencia. El chino explica que un Peugeut negro
embistió al doble de Woodword y tres hombres salieron del

vehículo. Uno de ellos se agachó y le hizo el signo de la cruz antes
de volver a introducirse en el coche. El irlandés entonces llama a Nitro y le
pide que acceda a las cámaras de televisión de tráfico del circuito cerrado del
ayuntamiento y le envíe las fotos de esos tres hombres. El ayudante de
informática no tarda mucho en enviarle las fotografías y después de un par de
horas, identificar al hombre que ha hecho el signo de la cruz: se trata de un
tal Mick Harrow “tres dedos”, gángster en Glasgow. Pero el informe policial del
mafioso escocés indica que tan solo tiene cuatro dedos en la mano derecha,
mientras que la fotografía indica que tiene todos sus dedos. El hombre que
aparece ahí debe proceder de la dimensión alternativa…

Cancelación de billetes
Los dos investigadores
continúan sus pesquisas. Entre las pertenencias del doble muerto también
encontraron una tarjeta de hostal. Hacia allí se encaminan. Les atiende la hija
de la dueña en una suerte de pequeña recepción a la entrada del hostal. Su
aspecto impresiona mucho a 1378. Su índice de grasa corporal es mucho más alto que
la media, algo que en su mundo está relacionado con la buena salud y con un
alto nivel social. 
Prendado de ella, los dos agentes piden la llave de la
habitación y la recepcionista les

explica que un
par de “amigos” suyos entraron hace unos días. Por las descripciones encajan
con los dos hombres de aspecto patibulario con los que lucharon hace unas
horas. Encuentran la habitación desordenada como si la hubieran registrado.
Probablemente estaban buscando las fotos que sin duda el doble de Woodword robó
del Ministerio de la Guerra de la
República Luterana de Inglaterra
. Entre el caos, los estudiosos de lo
oculto encuentran un sobre de la agencia de viajes Wellington con un billete a
nombre de Jack Perrow. Para saber si es el nombre del doble de Woodword, deciden
echar una ojeada al viejo ordenador de la recepcionista. 1378 se ofrece a
distraerla invitándola a tomar el aire, aunque ella se fuma un cigarrillo de
tabaco negro. Los dos acaban besándose. Entretanto Woodword accede a la ficha
de su doble y comprueba que su nombre es otro. El billete debe de haber
pertenecido a uno de los asaltantes de su pensión, ya muerto. El destino es
Hamburgo, y el vuelo sale esta misma noche.

Tras abandonar la pensión,
Woodword, con la información de la que dispone, se prepara para anular los
billetes a Hamburgo de la célula de la dimensión luterana. Lo hace llamando por
teléfono a la agencia, pero lamentablemente, cuando está a punto de
conseguirlo, la agencia sufre un apagón y los ordenadores se bloquean [pifia],
de modo que, siguiendo el consejo de la agente comercial, deberán ir al
aeropuerto para cancerlarlos en persona. Apenas quedan dos horas para que salga
el vuelo. Son diez los billetes expedidos por la agencia para Hamburgo.
Tiroteo en el aeropuerto
Woodword y
1378 llegan y se unen a la cola de la aerolínea para cancelar los diez billetes
de la célula terrorista extradimensional. Cuando les toca el turno la azafata
enseguida anula dos de los billetes (los correspondientes a los sicarios
muertos), pero se resiste a anular el del resto del grupo. Mientras el tono del
sacerdote sube de intensidad, su amigo psicológicamente inestable observa cómo
en la cola, más allá, hay ocho hombres de aspecto militar y entre ellos el
doble de Mick Harrow, probablemente el líder del grupo. Dados los aspavientos
del irlandés, es cuestión de tiempo que lo detecten. 
Para darle todo el tiempo
posible, 1378 decide salir de la fila y dirigirse hacia

Harrow. Una vez frente a él, le hace entender que él también proviene
de la dimensión luterana y que deberían charlar en la cafetería, muy cerca,
tranquilamente. Entretanto, el sacerdote se ha encontrado solo y la azafata no
atiende a razones. Girando la vista observa cómo los agentes extradimensionales
lo han detectado. Nervioso, abandona la cola pero no puede evitar que la
azafata vea con claridad la pistola que porta en la sobaquera. Mientras
Woodword se encamina a una zona de espera lo suficientemente pública para
evitar ser asesinado, la azafata da la señal de alarma silenciosa a la policía
de Heathrow.

1378 consigue
ejecutar su papel a la perfección y logra convencer a Harrow de que es un
coronel, y por tanto superior a él, que se ha presentado como capitán Jones.
Como coronel ha venido a poner orden en el caos que se ha convertido la
operación. Así, sutilmente, averigua dónde tienen preparados a los dobles y
cuándo los cambiarán por los dignatarios internacionales. En ese momento uno de
los soldados de la República Luterana de Inglaterra le susurra al oído al
capitán Jones que han logrado retener al sacerdote en los servicios. Allí se
encaminan todos. Un agente hace guardia disimuladamente y el resto entra en los
servicios, donde han empujado al irlandés sin mayor problema y sin llamar
demasiado la atención. Woodword parece estar en una extraña calma que pone
nerviosos a los agentes. El capitán Jones se permite lanzar unas palabras de
desafío y explicar que su doble era un traidor a la patria luterana que quería
sabotear el plan de dominio de esta dimensión y para ello buscó contactar al
único que sabría que le iba a creer: su doble de esta dimensión. Para él fue
además una suerte que su doble trabajara en una agencia gubernamental. Lo
asesinaron, pero no lo suficientemente pronto como para evitar que enviara la
documentación robada en el Ministerio. Después de la breve explicación, se
aprestan a darle muerte.
Pero nadie se
espera que el supuesto coronel desenvaine su katana (cogida a los sicarios
muertos) y ataque a uno de los soldados, mientras Woodword dispara a otros.
Nadie lo había registrado, suponiendo que nadie estaría tan loco como para ir
armado con una pistola a un aeropuerto. Mientras se suceden los disparos y los
mandobles los agentes van cayendo. En la escena de terrible tensión, los
poderes psíquicos de 1378 comienzan a descontrolarse y a ir reventando las
luces y provocando ondas de ataque psiónico que van dañando a todos, hasta que
finalmente cae el último. Justo en ese instante se escuchan disparos en la
puerta del servicio y entra la policía del aeropuerto. 1378 coge de la mano a
su compañero y desaparecen en un flash mientras cae la última luz de neón de
los baños y la policía abre fuego disparando al vacío.

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